Hace unos días, estaba con una mamá que asiste a nuestros encuentros de maternidad, mientras hablábamos sobre esto de preparar el nido emocional para la llegada de un hijo, ella, con un dejo de tristeza en los ojos y cierta desazón me dijo “yo no sé si voy a ser buena madre, no te tengo ni siquiera todo lo que necesito para recibir a mi hijo, me faltan tantas cosas por comprar aún…” y me sorprende la cantidad de mujeres que piensan lo mismo, y obvio no fui la excepción cuando me tocó a mí pasar por esa experiencia.

Sus palabras me hicieron pensar en todo lo que se ha convertido la maternidad en estos tiempos, donde preparar el nido emocional ha dejado de ser lo primordial, para pensar en todas aquellas cosas materiales que desde nuestras creencias son de vital importancia para la llegada de un hijo.

Creo que de la maternidad también se ha hecho un negocio donde las necesidades se crean, y no casualmente hay un producto a la venta para cada una de esas necesidades.

Me sorprende ver que se relaciona ser una “buena madre” y “tener lo que se necesita”, digo yo, ¿en qué momento las mujeres empezamos a dudar de nuestras propias capacidades maternales?, ¿qué pasó al medio entre eso que se llama instinto materno y necesidades reales?, ¿en qué parte de la historia hemos sentido que dejamos de tener en nosotras todo lo que en primera instancia necesitan nuestros hijos?, ¿dónde quedó el saber ancestral y lo innato de cada mujer?...

Pienso que si no hubiésemos perdido mucho de esto, no sería necesario incluso la existencia de lugares como el nuestro, lugares para que las mujeres sientan que pueden ser escuchadas, comprendidas, contenidas y compartir la riqueza de la experiencia con otros. Sin duda, nosotras desde nuestro lugar buscamos ser contención, red, tribu… espacios así son hoy por hoy altamente significativos, pero no me refiero a eso.

Se ha perdido lo rico del pasaje de la experiencia de maternar en el plano real, se perdió lo invaluable del relato de la experiencia del otro, pero no ese dialogo sobre qué marca de chupete te resultó más adecuada, o qué pañales duran toda la noche… estoy hablando de esa experiencia única y altamente movilizante, esas vivencias y sentimientos que aparecen en este momento, eso que las mamás saben en lo más profundo que movilizan mucho, porque se han encontrado con partes suyas que ni sabían que existían.

He de aclarar que no creo que haya madres ni buenas, ni malas… somos las madres y padres que podemos, y seremos mejores día a día  si tenemos la inteligencia de permitirnos equivocarnos, si aceptamos nuestros errores y si tenemos la humildad suficiente como para aprender “con” y “de” nuestros hijos, ellos tienen mucho para enseñarnos, nos sorprendería todo lo que podemos aprender de nosotros mismos, incluso con pequeños que aún no han nacido. Se trata de la aventura de explorar todo eso que se esconde detrás de nuestra cara social.

No necesitamos chupetes, mamaderas, almohadones o quien sabe que otras cosas  más… estoy hablando de amor, de entrega, de leche, de olor, de los latidos del corazón, de la voz de mamá… ¡estoy hablando de vínculo!.

A un bebé no le sirve de nada tomar la mejor leche en la mamadera más cara y sofisticada, si ese acto de alimentación no va acompañado de un profundo amor, no le sirve de nada un juguete ultramoderno, si no puede tener la mirada del otro tan necesaria para sentir que está creciendo en compañía, y así podría decir muchas cosas más, pero no vienen al caso.

Muchas veces nos hemos visto compartiendo una larga lista de todo aquello que es necesario tener para llevar al momento del nacimiento de un hijo, pero desde lo más profundo pienso que nada de eso será verdaderamente útil si no llevamos con nosotras otras cosas más importantes. Obviamente que lo material importa, es decir, nuestros hijos necesitarán cosas, eso es una realidad, pero lo sorprendente es cuando esas cosas objetivas pasan a primer plano.

Si voy a recibir a un hijo creo que tengo que tener ganas de participar en el encuentro con él … desinhibiciones para expresar mis sentimientos… posibilidades para pedir ayuda cuando algo no me guste o cuando la necesite… mi cuerpo dispuesto y mi mente abierta, más allá de lo que suceda o del cómo suceda… la seguridad de no condicionarme por prejuicios y experiencias de otros… mi propia burbuja emocional para que lo que pase alrededor me interrumpa lo menos posible… quien soy, con lo que me gusta y también con lo que no me agrada tanto… mis palabras, mi cuerpo, mi todo… mi hijo necesita la seguridad de que estaremos juntos en tan laboriosa tarea, en la que él me ayudará a traerlo al mundo, y en la que yo lo ayudaré a  él a que se abra paso, para que por fin, en el encuentro, sepamos profundamente que todo eso si valió la pena ser vivido

Creo que muchas mujeres coincidirán que estar embarazada no es fácil, criar un hijo menos aún, es un acto de profundo amor y desinteresada entrega mutua. Yo siempre digo que tener un hijo es tomar la decisión de tener siempre el corazón andando por el mundo…

Usemos todo lo que tenemos en nuestro cuerpo, escuchemos nuestras voces emocionales, dejemos entrar a otros actores y disfrutemos entre todos de esto que es ser mamá, no una mamá de publicidad, sino esa mamá que se grabará en lo más profundo del corazón de nuestros hijos, porque eso es lo que queda para siempre.

Lic. María González Grané

mariagrane@hotmail.com

 

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