Desarrollo Armónico

Hace muchos años que vengo descubriendo el maravilloso universo de la infancia, investigando sobre sus necesidades, aprendiendo de ellos, dejándome guiar, abriendo mi corazón y entregándome en cuerpo y alma…dejándome sorprender por su magia…su simpleza… su sutileza…

El mundo de los niños muchas veces es poco comprendido por los adultos, donde lejos de acompañarlos respetándolos los alejamos de lo esencial. Crecen en un entorno de exigencias,  ruidoso, frenético, cargado de un sinfin de actividades que los alejan de la quietud, de la tranquilidad, la libertad, del juego espontaneo, de la naturaleza, del silencio…tan importante para conocerse interiormente, para desarrollar  el pensamiento reflexivo, la creatividad, para el aprendizaje activo.  Su vida se ha convertido en una verdadera carrera para saltar etapas, lo que les aleja cada vez más de su propia naturaleza.

Los problemas que se ven en la niñez, no son otra cosa que un grito de la naturaleza, que se rebela ante una falta de respeto por las necesidades básicas del niño. Cada vez son más los  niños dispersos, híper activos, con dificultad para crear vínculos, para reconocer la autoridad, para gestionar su afectividad, con actitudes arrogantes, violentas, inseguros y que encuentran su fuente de motivación principalmente en la estimulación externa.

 

¿Cómo puede ser que niños tan pequeños estén medicados para que se tranquilicen, porque no pueden manejar sus impulsos y emociones?

 

En este último tiempo recibo más y mas consultas de bebes de menos de 1 año con llantos desmedidos, con dificultades para dormir, problemas gastrointestinales (cólicos, estreñimiento), problemas respiratorios, alergias, etc. creo que algunos de estos síntomas se pueden explicar por una falta de respeto para los mecanismos naturales del niño: contacto, calor, comunicación, presencia,  apego, alimentación permanente.

 


Durante los últimos años, seguimos un falso paradigma, se pensaba que la inteligencia solo se basaba en lo cognitivo, en lo mental, donde el sentir quedaba a un costado, cuanto menos sienta mejor, cuanto menos este uno conectado con sus emociones más éxito tendría uno.  Siguiendo esta idea bombardeamos a los niños con estímulos externos creyendo que así se crean circuitos neuronales con la finalidad de conseguir niños inteligentes y que se porten bien.

El motor del niño es algo intangible, inmaterial. Al margen de como cada uno lo puede llamar (alma, inteligencia, energía, espíritu, etc.) los griegos ya decían que el principio de la filosofía era el asombro, la primera manifestación de aquel intangible que mueve al ser humano. Miles de años después, la más reconocida pedagoga de todos los tiempos, la Dra. María Montessori, hacía hincapié en la importancia del asombro en el aprendizaje del niño. Hace poco, la neurociencia confirmó a Montessori, cuestionando muchos de los paradigmas educativos actuales.

 

Tenemos que reconocer el único  protagonista de la educación es el niño, no es el método que se utiliza, ni la cantidad de estímulos, ni siquiera el educador. Esto no quiere decir que se debe hacer todo lo que el niño diga, ni responder a sus caprichos, necesita límites amorosos, que marquen su camino. Quiere decir que el niño no es un mero espectador de los acontecimientos. No quiere ser adiestrado, sino educado. Tan solo debemos acompañarlo, siendo buenos intermediarios entre él y la realidad, creando el entorno favorable a su descubrimiento y protegiéndolo de lo que no le conviene. La capacidad de asombro del niño es la "estimulación temprana natural" que el niño lleva dentro y que le lleva a descubrir el mundo que le rodea, a motivarse por sí mismo. Deseamos que cumpla los “hitos del desarrollo” y hacemos cualquier cosa para que así sea, que nos olvidamos de su singularidad, de respetar sus tiempos, sus necesidades particulares, dejamos de verlo a el cómo ser único.

Como adultos debemos ser responsables en nuestra función como acompañantes de los niños, debemos tener claridad interna, ser coherentes con lo que decimos, hacemos y somos. Así podremos guiarlos amorosa y respetuosamente.

A partir de empezar mi camino interior, de conectarme con mi niña, descubrirla, reconocerla, conectar con sus necesidades, con sus dolores, a sanar, a comprenderla, es que hoy puedo percibir cuales son realmente las necesidades de los niños desde sus comienzos…magnificar la importancia de nuestros primeros contactos con el mundo…y que es en esos momentos donde nos empezamos a construir como seres humanos…es la base, los cimientos de lo que somos como adultos.

Creo firmemente que si podemos cambiar al mundo, lo haremos cambiando cada hombre que lo habite, por eso la base de ese cambio está en nuestro nacer, en nuestros primeros contactos con los seres que nos cuidan, protegen y aman…si realmente se satisface las necesidades básicas de los bebés con total naturalidad tendríamos una sociedad más amorosa, más sana y feliz, un hombre nuevo disfrutando una Infancia Dorada.

 

Para entrar en sintonía con el  mundo del bebé y del niño, debemos conectarnos con nuestra intuición, con nuestro interior, con nuestro corazón…aquí la mente racional no tiene nada que hacer. Este acercamiento intuitivo, las madres lo tenemos a flor de piel, la naturaleza es tan maravillosa, que nos otorga una hipersensibilidad tan poderosa que nos permite conectarnos con nuestro bebé de una manera mágica, esencia con esencia, pero para la  sociedad seguir lo que te dice el corazón es una pavada, al contrario siempre hay que hacer lo que te dice OTRO (que dice saber más que la madre que necesita su bebé, porque lo que una siente no se valora, ni una misma lo aprecia y como lo vamos a valorar, si cuando éramos bebés nadie nos escuchaba ni comprendía lo que realmente necesitábamos?; por esa razón, las mujeres no respetamos los sentimientos generados por las manifestaciones de nuestro bebé. Nos  aturdimos escuchando a los otros (abuelas, tías, amigas, médicos, etc) ,que con todo su amor, nos dicen lo que tiene que hacer, como, cuando, de que manera, y así su voz interna va bajando el volumen hasta que en algún momento deja de escucharse.

 

 

Para que un niño se desarrolle en completa armonía, debemos darle cierto margen de libertad, de autonomía, que estén cubiertas sus necesidades básicas, fomentar el silencio, la sensibilidad, darle tiempo, respetar sus ritmos, fomentar una ambiente de confianza y proteger su inocencia. Así tendremos una infancia sana y feliz que se convertirán en adultos sanos y felices. Este es el propósito del Proyecto Holístico Infancia Dorada.

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